El artículo analiza la evolución de la potencia bruta de las consolas de videojuegos, desmontando mitos históricos y comparando especificaciones técnicas entre generaciones. En la era de los 8 bits, la Master System de Sega superó a la Nintendo Entertainment System (NES) en rendimiento, aunque esta última ganó en catálogo. La generación de los 16 bits vio a la Neo Geo AES de SNK como la más potente, con una CPU Motorola 68000 a 12 MHz y una capacidad gráfica superior a la de la Mega Drive y la Super Nintendo, a pesar de su alto precio de lanzamiento. En la quinta generación, la Nintendo 64 se posicionó como la más potente gracias a su procesador RISC R4300i de 64 bits, superando a la PlayStation en velocidad de procesamiento y capacidad de renderizado de polígonos, aunque la PlayStation fue más versátil. Finalmente, la PlayStation 2 y el Dreamcast de Sega se presentan como las menos potentes de la generación de los 128 bits, aunque la PS2 lideró en ventas. El texto destaca que la optimización del software y la arquitectura específica de cada consola determinaban el rendimiento real, más que la simple velocidad de reloj del procesador.
