La industria de la inteligencia artificial ha provocado un aumento superior al 30% en el precio de las tarjetas gráficas en los últimos tres meses, lo que dificulta la ejecución de modelos de IA locales en el ordenador del usuario. Esta subida se debe a la demanda masiva de memoria HBM por parte de los centros de datos, que prioriza la fabricación de componentes para aceleradores de IA sobre la memoria GDDR para tarjetas gráficas. Como consecuencia, modelos como la RTX 5090 han duplicado su precio, y las generaciones anteriores, como la RTX 3090, superan los mil euros en el mercado de segunda mano.
Sam Altman, de OpenAI, ha declarado que la inferencia local es una 'terrible asignación de recursos escasos', argumentando que los usuarios deberían depender de sus servicios en la nube. Esta postura coincide con la estrategia de las grandes empresas de IA, como OpenAI, Anthropic y xAI, que buscan maximizar sus ingresos al evitar que los usuarios desarrollen la capacidad de ejecutar modelos de código abierto, como GLM o DeepSeek, en sus propios dispositivos. La situación crea una paradoja donde la propia industria que encarece el hardware se beneficia de la barrera de entrada que impide la autonomía tecnológica del consumidor, dejando a los usuarios con opciones limitadas y costes elevados para el uso de la inteligencia artificial.
