Una investigación publicada en The Lancet advierte de que el calentamiento global está empujando a la humanidad hacia escenarios de estrés térmico encompensable, en los que el cuerpo pierde por completo su capacidad de regular el calor interno. Con 1,5 grados de calentamiento, alrededor del 22% de la población mundial de más de 60 años se enfrentará a al menos un mes al año de calor catalogado como peligroso, y por cada grado adicional se expone a 1.000 millones más de personas a 180 horas o más de calor sofocante anual. El umbral térmico de los ancianos se sitúa entre 4,7 y 7,5 grados por debajo del de los adultos jóvenes, ya que con la edad la vasodilatación se atenúa, las glándulas sudoríparas pierden eficacia y se altera la percepción térmica, lo que obliga al corazón a trabajar mucho más. Estudios con 273 experimentos en cámaras climáticas confirman que la tensión térmica aumenta de forma progresiva con cada década de vida y que el buen estado físico solo mitiga parcialmente el problema. Los modelos proyectan que la combinación de envejecimiento poblacional y cambio climático multiplicará el riesgo de exposición entre 16 veces en el escenario más optimista y hasta 76 veces en el peor hacia 2100, con el sur del planeta como epicentro. Los autores alertan de que las políticas públicas y el urbanismo aún no están preparados para proteger a los mayores en climas cada vez más hostiles.
