Microsoft ha confirmado una subida drástica de precios en sus consolas Xbox en Europa y Reino Unido, con incrementos de hasta 200 euros y 170 libras esterlinas dependiendo del modelo. Los nuevos precios, vigentes desde el 1 de agosto, afectan a las distintas versiones de Xbox Series X y Series S y representan la tercera ronda de aumentos desde mayo de 2025, según informó The Verge.
Los incrementos más significativos afectan a la Xbox Series S de 512 GB, que pasa de 349,99 a 499,99 euros en Europa y de 299,99 a 429,99 libras en Reino Unido, lo que supone una subida superior al 43 por ciento. La Xbox Series X de 1 TB con unidad de disco, el modelo más caro, incrementa su precio desde los 599,99 euros hasta los 799,99 euros en Europa y desde las 499,99 hasta las 669,99 libras en el mercado británico, un aumento de más del 30 por ciento. En conjunto, todas las variantes ven incrementado su precio: la Series S de 1 TB sube de 399,99 a 599,99 euros, mientras que la Series X Digital de 1 TB pasa de 549,99 a 749,99 euros. Además, según The Verge, el modelo de 2 TB ha sido descatalogado ante la crisis de almacenamiento.
Aunque Microsoft había anunciado inicialmente las subidas para el mercado estadounidense en junio, los precios europeos no se conocieron hasta ahora. La fuente MuyComputer señala que los aumentos en Europa son proporcionalmente mayores que en Estados Unidos, donde las subidas alcanzaban hasta 150 dólares. El origen de esta crisis de precios se encuentra, según ambas fuentes, en el llamado MEMOpocalipsis: la escasez y encarecimiento de memorias RAM y almacenamiento, impulsado por la fuerte demanda del sector de la inteligencia artificial, que ha presionado al alza los costes de producción de toda la industria electrónica.
El contexto empresarial de Microsoft en el sector del videojuego resulta determinante para entender la magnitud de estas subidas. Según MuyComputer, los ingresos de Xbox han disminuido de forma casi continua desde 2023, con una caída especialmente pronunciada del 42 por ciento a comienzos de 2024. Mientras Microsoft no logró alcanzar el millón de consolas vendidas en ese periodo, Sony comercializó 4,5 millones de unidades de PlayStation 5. Los analistas consultados por el medio español atribuyen la situación a una estrategia financiera desesperada para compensar las adquisiciones de Bethesda y Activision Blizzard, operaciones valoradas conjuntamente en alrededor de 80.000 millones de dólares que, según esta perspectiva, resultan difíciles de monetizar.
Microsoft ha intentado reaccionar ante esta crisis mediante un reinicio estratégico de su ecosistema de juegos. Entre las medidas emprendidas se incluyen el despido de los principales ejecutivos de la división, el desarrollo del modo Xbox para Windows 11 que llegará en abril, una rebaja del precio del servicio de suscripción Game Pass —a cambio de retrasar lanzamientos como Call of Duty en su catálogo— y el desarrollo del Project Helix, la próxima generación de consolas de la compañía. Sin embargo, los analistas citados por MuyComputer consideran que estas decisiones no resuelven el problema financiero de fondo.
Ambas fuentes coinciden en señalar que la situación no es exclusiva de Microsoft. Todos los fabricantes de consolas han subido precios debido a la crisis de las memorias, aunque ninguna subida ha sido tan agresiva como la de Xbox. The Verge destaca que se trata de incrementos sin precedentes en la industria, mientras MuyComputer advierte de que los minoristas podrían añadir cargos adicionales si la demanda supera la oferta.
En perspectiva, la Xbox más avanzada cuesta ahora 300 dólares más que en su lanzamiento en 2020, cuando se comercializaba a 499,99 dólares. Con tres rondas de subidas en poco más de un año y un modelo de gama alta descatalogado, Microsoft atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia en el sector de las consolas. La combinación de ventas decrecientes, costes de producción al alza por la crisis de semiconductores y el lastre financiero de unas adquisiciones milmillonarias dibuja un escenario complicado para la marca, que confía en su próxima generación de consolas y en la integración con Windows 11 para recuperar terreno frente a Sony y Nintendo.
