Hollywood vive una nueva etapa marcada por las adaptaciones de videojuegos, que ya representan cerca de la mitad de las películas más taquilleras de la década de 2020. Tras el fracaso de Super Mario Bros. en 1993 (21 millones de dólares frente a un presupuesto de 48) y el éxito del remake animado de 2023, que superó los 1.300 millones, el sector ha encontrado un modelo más sólido. Directores como Zach Cregger (Resident Evil), Alex Garland (Elden Ring), Christopher McQuarrie (Battlefield) y Taylor Sheridan (Call of Duty) se han sumado a proyectos basados en videojuegos, en un movimiento comparable al arranque del Universo Cinematográfico de Marvel.
El artículo explica que los videojuegos ofrecen una base de fans mucho mayor que los cómics: los estadounidenses gastan unos 60.000 millones de dólares anuales en videojuegos frente a 2.000 millones en cómics físicos. Además, la diversidad demográfica es clave: el 32 % de los mayores de 80 años juega a videojuegos al menos una vez por semana, lo que amplía el público potencial más allá del público adolescente que domina el cine de superhéroes. A esto se suma el papel de YouTube como principal plataforma de descubrimiento cinematográfico, donde los contenidos de videojuegos dominan las tendencias. El youtuber Markiplier llevó Iron Lung al cine sin el apoyo de un gran estudio y recaudó 51 millones de dólares. Series como The Last of Us y Fallout han recibido además una buena acogida crítica, lo que refuerza la idea de que las adaptaciones de videojuegos pueden alcanzar una mayor calidad narrativa que las historias de superhéroes.
