Un análisis reciente cuestiona la extendida creencia de que el vino aporta beneficios para la salud. Durante décadas, numerosos estudios asociaron el consumo moderado de alcohol con una menor mortalidad, una relación representada en la conocida curva en forma de J. Sin embargo, revisiones posteriores han detectado problemas metodológicos en esos trabajos, como la inclusión de exbebedores en el grupo de referencia de abstemios, lo que pudo sesgar los resultados a favor del consumo.
El artículo señala que parte de la percepción de salud asociada al vino podría explicarse por el contexto social que suele rodear su consumo. Un estudio publicado en PLoS Medicine con más de 300.000 participantes halló que las personas con vínculos sociales más sólidos viven más tiempo, una asociación que se mantiene tras ajustar por edad, sexo y estado de salud inicial. Experimentos adicionales indican que el alcohol puede facilitar la interacción social puntual al reducir la inhibición, aunque remarcan la diferencia entre facilitar un encuentro y mejorar la salud a largo plazo.
Sobre los supuestos beneficios del vino por sus polifenoles, como el resveratrol, el texto recuerda que la presencia de compuestos bioactivos en una bebida no implica que su consumo sea saludable. La Organización Mundial de la Salud sostiene que no existe un nivel seguro de consumo de alcohol, clasificado como carcinógeno del grupo 1 por la IARC, y que el riesgo es el mismo proceda del vino, la cerveza o los destilados.
