Un equipo de científicos canadienses ha demostrado que 30 minutos de ejercicio físico antes de dormir actúan como escudo frente al deterioro de memoria causado por una noche de sueño insuficiente. En un experimento con 88 jóvenes adultos divididos en cuatro grupos (8,5 o 4,5 horas de sueño, con o sin ejercicio), los participantes memorizaron caras asociadas a nombres y, a continuación, realizaron 30 minutos de bicicleta estática o descansaron sentados. Tras despertar, quienes habían dormido poco y hecho ejercicio obtuvieron un nivel de aciertos similar al de quienes durmieron las 8,5 horas completas, mientras que la memoria del grupo sin ejercicio se vio claramente afectada.
La clave está en el sueño profundo de ondas lentas, la fase en la que el cerebro reactiva lo aprendido y lo transfiere a la memoria a largo plazo. Las polisomnografías revelaron que quienes hicieron ejercicio disfrutaron de un sueño profundo más intenso, incluso durmiendo menos horas, lo que sugiere que el cuerpo prioriza esa fase tras el esfuerzo físico. Los autores subrayan que la muestra es reducida y piden replicar el estudio con más voluntarios. Además, recuerdan que el ejercicio no compensa otros perjuicios de la falta de sueño: dormir entre 7 y 8 horas sigue siendo la mejor recomendación para la salud.
