Un estudio publicado en NeuroImage demuestra que una siesta de unos 45 minutos desencadena en el cerebro los mismos procesos de 'limpieza' y consolidación que el sueño nocturno. Los investigadores midieron la actividad cerebral de 20 adultos jóvenes mediante Estimulación Magnética Transcraneal y electroencefalogramas, comparando su estado tras varias horas despiertos y tras la siesta.
Los resultados muestran que dormir brevemente debilita las conexiones sinápticas irrelevantes —el 'ruido de fondo' acumulado desde el despertar— y devuelve al sistema a un estado óptimo para crear nuevas memorias duraderas. El mecanismo responde a la hipótesis de la homeostasis sináptica: durante la vigilia las conexiones neuronales se fortalecen sin pausa hasta saturar la corteza, y la siesta actúa como un reseteo que libera esa carga.
El trabajo cuestiona la regla popular de los 20 minutos como duración ideal. Para lograr una recalibración arquitectónica real de la plasticidad cerebral, los autores señalan que hacen falta ciclos más largos, de alrededor de 45 minutos, que permitan actuar a fondo a los mecanismos de consolidación. Los autores concluyen que la siesta no es un capricho cultural ni un hábito de pereza, sino un sistema de mantenimiento cerebral que mejora el rendimiento cognitivo al estudiar o trabajar.
