Un equipo de investigadores de Canarias y Finlandia sometió a 28 personas sin formación musical a una resonancia magnética funcional mientras escuchaban fragmentos instrumentales de música clásica, folclore, electrónica y reguetón. Los resultados, publicados en PubMed, mostraron que el reguetón provocó la mayor activación de la red auditivo-motora del cerebro, por encima incluso de la música clásica, y que ese estímulo dependía de lo que la neurociencia cognitiva denomina groove, es decir, la capacidad de la música para inducir movimiento.
Los investigadores comprobaron que el reguetón enciende no solo la corteza auditiva, sino también regiones motoras y los ganglios basales, zonas asociadas al movimiento y al placer. Según explicó la divulgadora Manuela del Caño, el cerebro humano está diseñado para predecir patrones sonoros y sobrevivir, y la estructura rítmica repetitiva y simple del reguetón encaja con esa lógica, mientras que la mayor complejidad de las partituras clásicas dificulta la predicción y reduce la respuesta cerebral.
El hallazgo abre la puerta a aplicaciones clínicas en trastornos del movimiento como el Parkinson, donde la estimulación rítmica auditiva ya se emplea como terapia para mejorar la marcha utilizando redes auditivo-motoras sanas como puente frente a la degeneración de los ganglios basales.
