El investigador detrás de ARC-AGI advierte de que la irrupción de la inteligencia artificial está a punto de provocar una escasez global de bienes manufacturados. En un artículo publicado en septiembre de 2026, sostiene que los avances recientes —como un modelo de OpenAI que resolvió en seis meses el benchmark ARC-AGI 3, diseñado para dos años, y que prácticamente satura su propia prueba SherlockBench— demuestran que la IA ya posee voluntad propia e inteligencia fluida.
El texto documenta los primeros síntomas: la demanda de DRAM, NAND y turbinas de gas se ha disparado por las compras de las empresas de IA, varias fábricas de coches eléctricos se han reconvertido en plantas de servidores y los fabricantes de memoria han redirigido recursos de DRAM a HBM. El autor argumenta que la producción masiva de robots humanoides en menos de cinco años es inevitable, lo que ampliará la escasez a casi cualquier máquina compleja, desde automóviles hasta lavadoras.
Para respaldar la tesis, compara el gasto global en I+D destinada a mejorar la vida humana (unos 1,3 billones de dólares anuales en investigación farmacéutica, energía limpia y ayuda al desarrollo) con la inversión mundial en IA, estimada entre 1,0 y 1,3 billones solo en 2026. Con NVIDIA valorada en 5,5 billones y los grandes capitales fluyendo hacia infraestructura de IA, concluye que la economía acabará sirviendo mayoritariamente a la inteligencia artificial, con los humanos como un segmento minoritario del mercado.
