La inteligencia artificial se ha convertido en la tecnología emergente más impopular en Estados Unidos, a pesar de las predicciones optimistas de sus creadores. Mientras que figuras como Sam Altman y Marc Andreessen anticiparon que la IA reduciría drásticamente los precios de los bienes y servicios, la realidad actual muestra lo contrario: la expansión de la IA está impulsando la inflación y aumentando los costos de vida. Los datos económicos recientes, como la caída histórica de la confianza del consumidor, confirman que la tecnología no ha generado abundancia ni ha destruido empleo masivamente, sino que ha contribuido a la escasez material. Este fenómeno contradice la narrativa de la 'ley de Moore para todo' y revela una tensión económica significativa en el sector tecnológico. El artículo argumenta que la construcción de infraestructura de IA está generando riqueza para los fundadores, pero al mismo tiempo encareciendo los productos para el consumidor final. Esta discrepancia entre las promesas de eficiencia y los resultados de mercado es un factor clave para entender la hostilidad pública hacia la IA en la actualidad, más allá de las críticas políticas o la desconfianza generalizada en las grandes tecnológicas.
