La inteligencia artificial ha transformado el sector de la traducción, reduciendo drásticamente la intervención humana en tareas rutinarias, aunque expertos advierten sobre riesgos en áreas de alta precisión. Según datos de Google, se traducen ahora un billón de palabras mensuales mediante sus herramientas, mientras que el mercado global de traducción automática alcanzó los 1.400 millones de dólares el año pasado. En contextos como la enciclopedia Wikipedia, la asociación OKA utiliza IA para generar borradores que luego son revisados por humanos, un proceso que se vuelve menos necesario a medida que la calidad de la IA mejora. Sin embargo, en campos como el legal y el médico, los errores pueden tener consecuencias graves. Un caso reciente mostró cómo la IA confundió términos jurídicos, y otro error médico tradujo la unidad micro como milli, lo que duplicaría la dosis de un medicamento. Los expertos señalan que, aunque la IA es fluida, a menudo falla en contextos específicos o ambigüedades lingüísticas. La solución propuesta por investigadores es el desarrollo de sistemas que puedan autoevaluarse y corregirse, o que indiquen su incertidumbre, para garantizar la fiabilidad total en documentos que requieren firma o decisiones críticas.
