A principios de la década de 2010, Kenia se había convertido en la gran potencia mundial de los redactores fantasma de trabajos universitarios para estudiantes occidentales, sobre todo estadounidenses y británicos. Se calcula que unos 40.000 kenianos vivían de esta actividad, con tarifas que llegaban a los 70 dólares por encargo. Algunos, como Teresios Bundi, llegaron a acumular 2.500 trabajos escritos y montaron empresas con otros estudiantes.
El negocio proporcionaba buenos ingresos: coches nuevos, teléfonos de última generación y acceso a locales exclusivos. Sin embargo, la irrupción de ChatGPT en 2022 y de otras herramientas de inteligencia artificial cambió por completo el panorama. Los estudiantes empezaron a usar directamente la IA para generar sus trabajos, al ser gratuita e inmediata, lo que dejó sin clientes a los redactores kenianos.
La IA no solo eliminó estos encargos. También redujo la demanda de otros trabajos online frecuentes en el país, como la transcripción de reuniones o la moderación de contenidos en redes sociales. Según datos de Scale AI, los modelos de IA podían completar el 2,5% de las tareas freelance en octubre de 2024 y ya el 16% en julio de 2025.
En paralelo, ha surgido un nuevo perfil: los humanizadores de textos, personas que reescriben los textos generados por IA para que pasen los detectores y los controles del profesorado, un trabajo que evidencia lo fácil que resulta identificar los patrones de escritura de los modelos generativos.
