La Gamescom, celebrada esta semana en el recinto Messe de Colonia (Alemania), se ha consolidado como la mayor feria de videojuegos del mundo tras la desaparición del E3. El evento despliega pabellones con stands cuyo coste de alquiler oscila entre 188 y 278 euros por metro cuadrado —con un mínimo de 150 m²— a los que se suman 16 €/m² por consumo eléctrico y 0,60 €/m² de tasa fija, sin contar montaje ni personal. Compañías como Microsoft, Nintendo, Sega, Konami y Samsung reservan grandes superficies para mostrar títulos como 'Arc Raiders', 'Star Wars Galactic Racer', '007 First Light', 'Alien Isolation 2', 'Gears of War: E-Day' o 'Stranger than Heaven', junto a hardware como la Xbox Series X de 25 aniversario y los monitores OLED de Samsung. Los visitantes, prensa incluida, soportan colas de hasta 80 minutos para probar demos de 20 minutos.
Bajo ese escaparate, la industria occidental atraviesa una crisis profunda. Xbox anunció 3.200 despidos, de los cuales 1.600 ya se ejecutaron y el resto se completará en los próximos meses. Epic Games eliminó 1.000 puestos (el 20 % de su plantilla) en marzo, Bungie encadenó otra ronda de recortes y Electronic Arts acumula otra oleada de despidos. A estos se suman prácticas anticonsumidor como la fecha de caducidad del formato físico y condiciones laborales precarias en los grandes estudios. La crónica describe así la contradicción de una feria que invierte cifras millonarias en spectacle mientras su modelo de negocio se tambalea.
