Sony, Microsoft y Nintendo han subido el precio de sus consolas en plena recta final de la generación actual. En marzo, Sony elevó el precio de la PS5 en 90 libras; en agosto, Microsoft aplicará un incremento mínimo de 75 libras en Xbox Series S y X; y Nintendo encarecerá la Switch 2 globalmente desde septiembre. Los tres modelos se lanzaron originalmente en 2020.
El origen está en la explosión de la demanda de semiconductores y memorias para centros de datos vinculados a la inteligencia artificial. Según Andy Robinson, editor jefe de VGC, los primeros aumentos se debieron a los aranceles de Donald Trump, pero el golpe definitivo llegó en octubre, cuando OpenAI cerró un acuerdo con Samsung y SK Hynix para hacerse con una porción enorme de su producción de DRAM, lo que disparó los precios cerca de un 200%. Xbox asegura que, desde entonces, esos precios se han duplicado de nuevo.
El mercado de la memoria está concentrado en Samsung, SK Hynix y Micron, y ampliar la capacidad de fábrica lleva años. Los analistas de Ampere estiman que la oferta no se abrirá hasta principios de 2028. Martin Hiegl, director ejecutivo de Lenovo, advirtió recientemente que los precios de la memoria podrían no volver nunca a niveles anteriores.
Las ventas se han resentido: las ventas de hardware en Estados Unidos tocaron mínimos de 30 años en noviembre, con un precio medio récord de 439 dólares, que subió a 502 en mayo. PS5 cayó un 58% interanual. Para la próxima generación, analistas prevén que la PS6 ronde los 1.000 dólares. Sony podría retrasar su lanzamiento hasta 2029 mientras estudia modelos híbridos, financiación sin intereses y cloud gaming como alternativas.
