Una nueva generación de empresas emergentes chinas trabaja para fabricar manos robóticas plenamente diestras, el último gran obstáculo para que los humanoides pasen de ser prototipos a herramientas útiles. La clave, según sus fundadores, reside en aprovechar la cadena de suministro china —fruto de la industria del vehículo eléctrico— y el impulso oficial a la llamada "IA encarnada", un sector que el Partido Comunista incluyó en mayo entre los "nuevos mercados del billón de yuanes".
LinkerBot, fundada en 2023 por Zhou Yong tras graduarse en la Universidad de Ciencia y Tecnología de Huazhong, produce alrededor de 5.000 manos al mes y aspira a duplicar esa cifra con una valoración cercana a los 6.000 millones de dólares. Su fundador asegura que fabricar una mano es "cien veces más difícil" que fabricar un humanoide, porque concentra diez veces más destreza en apenas una décima parte del volumen. Entre sus objetivos figura lanzar prótesis de mano a unos 1.000 dólares, frente a los precios actuales que pueden alcanzar decenas de miles.
En Shenzhen, Wuji Technology, creada por Pan Yunzhe tras doctorarse en Estados Unidos, desarrolla el Wuji glove, un guante con sensores que registra movimiento, presión y tacto. El reto pendiente no es tanto el hardware como el software: a diferencia de los modelos de lenguaje, entrenados con textos casi infinitos, los modelos de inteligencia espacial carecen de datos tridimensionales suficientes. Investigadores y emprendedores intentan recolectarlos mediante teleoperación y wearables.
China registra ya más de un millón de empresas de robótica, con un aumento del 40 % en 2025, y el sector de manos diestras superó los 50.000 millones de yuanes (unos 7.400 millones de dólares), frente a los 13.000 millones de 2024. Expertos como Nathan Lepora, de la Universidad de Bristol, advierten de que controlar esos manos sigue siendo "un juego completamente distinto" que aún nadie sabe dominar.
