Un metaanálisis de 59 ensayos controlados aleatorizados, con más de 9.000 participantes y elaborado por investigadores de la Universidad de Adelaida, concluye que el ejercicio físico regular facilita abandonar el tabaco y reduce los antojos. Los programas de ejercicio a largo plazo se asocian a un 21% más de probabilidad de mantenerse siete días sin fumar y a un 15% más de probabilidad de abandonar el hábito de forma continua. Además, quienes no logran dejarlo por completo fuman una media de dos cigarrillos diarios menos, y una sesión puntual de actividad física, incluso de diez minutos de intensidad moderada, reduce los antojos durante al menos treinta minutos.
Según los autores, el efecto se explica porque el ejercicio libera dopamina y endorfinas, que compensan el déficit provocado por la ausencia de nicotina, y porque actúa sobre receptores cerebrales nicotínicos. También ayuda a controlar el aumento de peso asociado al abandono del tabaco, una de las causas frecuentes de recaída.
Los investigadores subrayan que el ejercicio debe considerarse un complemento, no un sustituto, de los tratamientos convencionales con fármacos y apoyo psicológico, ya que potencia sus efectos y disminuye el riesgo de abandono terapéutico.
