Un estudio reciente de la Universidad Internacional de Florida, publicado en la revista PLOS One, ha puesto en evidencia las notables imprecisiones de los smartwatches a la hora de calcular las calorías quemadas durante el ejercicio, un dato en el que confían millones de usuarios para gestionar su dieta y su pérdida de peso.
La investigación, dirigida por científicos de esa universidad, reunió a 58 adultos hispanos de entre 18 y 50 años (con una edad media de 23 años) que realizaron una sesión controlada de ciclismo en bicicleta reclinada, alternando intervalos de intensidad moderada y vigorosa. Cada participante llevó simultáneamente cuatro de los relojes inteligentes más vendidos del mercado: el Apple Watch Series 8, el Fitbit Sense 2, el Samsung Galaxy Watch 5 y el Garmin Forerunner 955. Como referencia se empleó el analizador metabólico COSMED K5, un dispositivo de uso clínico que mide el gasto energético mediante calorimetría indirecta, es decir, analizando el intercambio de gases respiratorios.
Los resultados revelan que todos los dispositivos tienden a sobreestimar las calorías quemadas, aunque con diferencias notables entre marcas. El Apple Watch fue el más preciso, con un sesgo medio de aproximadamente 21,6 kilocalorías. En el extremo opuesto se situaron el Garmin Forerunner 955, con un sesgo de 68,6 kcal, y el Samsung Galaxy Watch 5, con 56,8 kcal. Los errores porcentuales absolutos mediano se situaron generalmente entre el 15% y el 25%, aunque en algunos casos fueron muy superiores.
El caso del Fitbit Sense 2 resultó especialmente peculiar. Tras eliminar valores anómalos, su sesgo medio se redujo a apenas 3,14 kcal, una cifra que estadísticamente no resultó significativa y que podría sugerir una gran precisión. Sin embargo, el dispositivo produjo siete mediciones completamente fuera de rango (alrededor del 13% del total) y en una sesión completa llegó a registrar una sola caloría quemada, un resultado lo suficientemente extremo como para cuestionar la fiabilidad del conjunto de sus datos.
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es la relación entre el porcentaje de grasa corporal y la magnitud del error. Cuanto mayor era la grasa corporal de los participantes, mayor era la desviación de las mediciones. Los autores señalan que esto podría deberse a que los algoritmos de los dispositivos se calibraron originalmente para perfiles con menor grasa corporal, lo que reduciría su precisión en personas con mayor adiposidad. Los investigadores han hecho un llamamiento a los fabricantes para que accedan a estos datos y mejoren sus algoritmos, especialmente para los usuarios con distintos tipos de complexión.
Las implicaciones prácticas de estos resultados son considerables. Si un usuario confía en la lectura de su smartwatch para decidir cuánto puede comer después de entrenar, y el dispositivo sobreestima las calorías quemadas, podría creer que está generando un déficit calórico cuando en realidad no lo está haciendo. Esto puede traducirse en una falsa sensación de progreso en objetivos de pérdida de peso.
El estudio presenta una limitación importante: todos los participantes eran personas hispanas, lo que reduce la representatividad de los hallazgos para el conjunto de la población mundial. Los propios autores reconocen que serían necesarias muestras más amplias y diversas para confirmar la generalización de estos resultados. Además, prevén repetir la investigación con ejercicios de fuerza, un ámbito donde la medición del gasto energético es aún más compleja y donde los errores podrían ser mayores.
Como conclusión práctica, los expertos recomiendan no obsesionarse con la cifra exacta que muestra el smartwatch. Sugieren redondear siempre los datos a la baja, no restringir la alimentación basándose únicamente en estas lecturas y, sobre todo, consultar con un profesional de la nutrición que pueda diseñar una pauta alimentaria ajustada al estilo de vida, la cantidad de ejercicio y los objetivos de cada persona. El equilibrio y la constancia siguen siendo las claves, mucho más que la precisión milimétrica de un sensor en la muñeca.
