Un estudio publicado en Science Advances cuestiona la imagen del Homo floresiensis como cazador capaz de abatir grandes animales. Investigadores de la Universidad de Tübingen, liderados por la paleoantropóloga Elizabeth Grace Veatch, revisaron más de 3.100 fragmentos óseos de Stegodon hallados en la cueva de Liang Bua, en Indonesia, donde esta especie fue descubierta en 2003. Para interpretar las marcas, observaron a un dragón de Komodo alimentarse de un cadáver en el zoo de Atlanta y escanearon en 3D las huellas dejadas por sus dientes. El patrón coincidía con el de los huesos fósiles, sobre todo en zonas con más carne como caderas y hombros, mientras que las herramientas de piedra del H. floresiensis solo presentaban cortes en pies y costillas. Los autores concluyen que los reptiles accedían primero a las presas y los homínidos aprovechaban los restos. El análisis de miles de huesos de roedores tampoco halló señales de fuego en los niveles asociados a la especie, a diferencia de las capas posteriores ligadas a Homo sapiens. Especialistas como Kay Behrensmeyer, del Smithsonian, y Michael Petraglia, de la Griffith University, avalan la solidez de las marcas pero piden cautela. Veatch subraya que el H. floresiensis sobrevivió unos 50.000 años en condiciones adversas sin cazar grandes presas ni dominar el fuego.
