Tesla y SpaceX invertirán 16.800 millones en la fábrica de chips Terafab en Texas

Fuentes: Tesla and SpaceX to invest $16.8B to start building 'Terafab' chip factory in Texas, 20minutos.esT3clickbait

Tesla y SpaceX invertirán 16.800 millones de dólares en Terafab, una megafábrica de semiconductores que se levantará en el condado de Grimes, a unos 100 kilómetros de Houston (Texas). El proyecto, presentado este jueves por las dos compañías de Elon Musk, contempla más de 100 millones de pies cuadrados de espacio manufacturero —unos 9,3 millones de metros cuadrados, una superficie mayor que la del Pentágono o la de Apple Park— y la creación de al menos 3.000 puestos de trabajo directos en la zona. Musk no ha dudado en calificar el complejo como "el edificio más grande y valioso de la Tierra con diferencia".

La motivación detrás de Terafab no es tanto resolver la escasez global de chips como garantizar que los propios planes de Musk no queden estrangulados por la oferta. Tesla y SpaceX estiman que su demanda conjunta de capacidad de cómputo podría superar un teravatio, muy por encima de lo que el mercado actual puede absorber si los proyectos de ambas compañías crecen al ritmo previsto. Entre esos planes figuran los robots humanoides Optimus y los robotaxis Cybercab de Tesla, así como los satélites-centro de datos que SpaceX pretende desplegar en órbita para entrenar y ejecutar modelos de inteligencia artificial.

Terafab no se limitará a fabricar procesadores. El proyecto busca integrar bajo un mismo techo la fabricación de chips lógicos y de memoria, el empaquetado avanzado, las pruebas finales e incluso tecnologías relacionadas con las máscaras de litografía, los patrones con los que se imprimen los circuitos sobre las obleas de silicio. Esa integración vertical, explican las compañías, permitirá acelerar los ciclos de mejora y reducir la dependencia de proveedores externos. SpaceX, en su página web, lo define como una fábrica "diseñada para construir nuevo cómputo a una escala y velocidad sin precedentes".

Los chips que salgan de Terafab tendrán dos perfiles distintos. Por un lado, semiconductores optimizados para computación en el extremo (edge computing) e inferencia de IA, pensados para correr modelos directamente en dispositivos como los robots Optimus o los vehículos autónomos de Tesla. Por otro, chips de alta potencia diseñados para operar los centros de datos espaciales de SpaceX, hardware que, según Musk, deberá soportar las condiciones extremas del espacio.

La apuesta no es pequeña ni barata. SpaceX ha sugerido en documentos oficiales que el desembolso total a lo largo de las múltiples fases de construcción podría alcanzar los 119.000 millones de dólares, una cifra muy superior a los 16.800 millones del compromiso inicial y que, de confirmarse, convertiría a Terafab en uno de los proyectos industriales más costosos de la historia. Paradójicamente, la compañía no mencionó Terafab durante su primera llamada de resultados esta semana, lo que deja un manto de opacidad sobre los plazos y el alcance real del plan.

A la iniciativa se ha sumado Intel, que confirmó su participación aunque sin detallar públicamente qué aportará exactamente al proyecto. Mientras tanto, Tesla ya está experimentando con una instalación piloto de chips dentro de su Gigafactoría de Texas, un paso previo antes de escalar la producción a Terafab.

El anuncio llegó apenas un día después de una reunión multitudinaria en el condado de Grimes, donde cientos de vecinos expresaron su preocupación por los millonarios incentivos fiscales concedidos al proyecto y por la falta de transparencia sobre su impacto ambiental y urbanístico. SpaceX ha intentado calmar parte de esas críticas al comprometerse a abastecerse del embalse de Gibbons Creek en lugar de extraer agua del acuífero local, aunque las dudas persisten. La superintendenta del distrito escolar Anderson-Shiro, Sarah Borowicz, destacó que el acuerdo "fortalecerá al distrito y ampliará las oportunidades" para los estudiantes, aunque advirtió de la necesidad de gestionarlo "con transparencia".

Terafab se inscribe, además, en una tendencia más amplia: la de repatriar a suelo estadounidense una parte significativa de la fabricación de chips avanzados, hoy concentrada en Asia. Si Musk cumple sus plazos —y la historia reciente sugiere que no siempre lo hace—, Texas podría convertirse en pocos años en el nuevo epicentro de la industria de semiconductores mundial.