La startup singapurense Strutt ha lanzado su producto ev¹, un vehículo eléctrico con cuatro motores y sensores avanzados, pero lo ha comercializado como un 'vehículo inteligente para el día a día' en lugar de una silla de ruedas. Esta estrategia legal permite evitar la clasificación como dispositivo médico de Clase II, lo que elimina la necesidad de someter el producto a la rigurosa aprobación de la FDA en Estados Unidos. El dispositivo incorpora control de estabilidad electrónico, frenos antibloqueo y capacidades de navegación autónoma mediante cámaras y sensores, permitiendo al usuario evitar obstáculos y conducir a puntos mapeados. En términos de capacidad técnica, el ev¹ puede subir pendientes de 13 grados, superar bordillos de 5 centímetros y cruzar huecos de 12 centímetros, además de manejar sobre césped y grava. Sin embargo, la decisión de no certificarlo como dispositivo médico conlleva limitaciones significativas: las aseguradoras no cubren el producto y la batería de 640 Wh no está autorizada para transporte aéreo, aunque la empresa afirma trabajar en una solución para cumplir con las normas de aerolíneas. El precio de lanzamiento es de 7.500 dólares. Esta aproximación demuestra cómo la ingeniería puede evadir barreras regulatorias para ofrecer soluciones tecnológicas superiores, aunque a costa de la aceptación por parte de los sistemas de salud y transporte convencionales.
