Un estudio de The Guardian revela que la mayoría de los padres han restringido o eliminado el acceso de sus hijos a redes sociales y herramientas de inteligencia artificial, citando la falta de seguridad y el impacto en el bienestar infantil. Tras una década de promesas de seguridad por parte de las tecnológicas, los usuarios han perdido la confianza en plataformas como Meta y OpenAI, especialmente tras las recientes demandas legales que acusan a estas empresas de diseñar productos adictivos y deficientes en salvaguardas de seguridad.
Los testimonios de los padres, que incluyen a profesionales de la tecnología y activistas, señalan que la priorización de la competencia comercial sobre la seguridad ha generado una sensación de desconfianza. Muchos padres argumentan que no deberían exponer a sus hijos a estas tecnologías, que aún no se comprenden plenamente sus efectos en el desarrollo cerebral y emocional. La situación se ha agravado por la introducción temprana de estas herramientas en las escuelas, lo que ha generado preocupación por la falta de supervisión parental y la falta de alfabetización digital crítica en los centros educativos.
Entre las medidas adoptadas por las familias figuran el uso exclusivo de aplicaciones de mensajería privada, la restricción del tiempo de pantalla y la prohibición total de chatbots generativos. Algunos padres, como Caroline Gray Ford, abogan por una acción colectiva para retrasar el uso de smartphones, argumentando que el modelo de negocio de las grandes tecnológicas explota a los menores para beneficio propio. Esta tendencia refleja un cambio cultural hacia una mayor cautela ante la digitalización de la infancia, donde la responsabilidad de la regulación y la educación recae cada vez más en las familias.
