Moscú está preparando una ofensiva para el otoño y el invierno en Ucrania, utilizando el clima adverso como arma estratégica para compensar la limitación de los drones FPV ucranianos. Según informes de Forbes y el ISW, Rusia acumula blindados de los ejércitos 51.º, 41.º y 8.º, equipados con jaulas antidrones y guerra electrónica, para ejecutar asaltos mecanizados hacia Dobropillia y el cinturón fortificado del Donbás. El general Denys Prokopenko señala que el viento, la lluvia y la niebla reducirán la eficacia de los drones pequeños ucranianos, obligando a Kiev a dispersar sus recursos y dificultando la detección de las fuerzas rusas. Por su parte, Ucrania ha inactivado el 45% de la capacidad de refino de Rusia, dañando unidades de la refinería de Yaroslavl que representan el 40% y 33% de su capacidad respectivamente. Esta estrategia busca saturar la logística ucraniana y forzar a Kiev a elegir entre defender el frente o proteger la estabilidad energética global, mientras Washington presiona a Kiev para moderar los ataques a las refinerías rusas.
