Mathieu Ropert, programador con experiencia en C++ y desarrollo de videojuegos, comparte tras tres meses usando Claude y otros modelos de lenguaje en su trabajo cotidiano una valoración matizada sobre la inteligencia artificial aplicada a la ingeniería de software. El artículo combina perspectiva crítica y uso práctico.
El autor desmonta primero el término "inteligencia artificial" como marketing: lo que existe es una gran red neuronal de procesamiento de lenguaje natural cuyo output es probabilístico. Advierte de que pedirle a un LLM que escriba código produce malos resultados y desaconseja esa práctica. En cambio, identifica usos donde la herramienta sí aporta valor: resumir textos extensos, refinar búsquedas en lenguaje natural sobre internet y, especialmente, explorar bases de conocimiento internas de empresas (wikis, Slack, Confluence, Google Drive), donde las búsquedas por palabras clave fallan.
Ropert subraya que un resumen generado por IA solo es tan bueno como las fuentes que ingiere y que las alucinaciones son inherentes al funcionamiento estadístico de los modelos, presentes incluso en las versiones de pago más avanzadas. Recomienda siempre verificar la fuente primaria. Concluye que la IA es un atajo aceptable cuando las técnicas de indexado tradicionales llevan décadas sin implementarse, pero no sustituye el trabajo de ingeniería básico ni la curaduría humana de la información.
