La afición por imitar la dieta de Erling Haaland ha puesto de moda el consumo de leche cruda, una bebida que el delantero noruego define como superalimento y que adquiere en Greenoaks Farm, una granja del condado de Cheshire (Reino Unido) autorizada para su venta. Sin embargo, la legalización y regulación de este producto no eximen al consumidor de riesgos: al no estar pasteurizada, puede contener microorganismos patógenos responsables de listeriosis, fiebre Q, fiebre tifoidea, salmonelosis y brucelosis, con especial peligro para inmunodeprimidos y embarazadas.
La pasteurización elimina esos agentes y, en su variante UHT (135-150 °C durante 2-5 segundos), también las esporas, sin alterar el valor nutricional de la leche. En España, solo pueden comercializarla los establecimientos inscritos en el Registro General Sanitario de Empresas Alimentarias y Alimentos, que deben envasar el producto, etiquetarlo con una caducidad inferior a tres días desde el ordeño y advertir de que se hierva antes de consumirla, conservándola entre 1 °C y 4 °C.
En el ámbito doméstico, hervir la leche no garantiza su seguridad: suele subirse y bajarse de temperatura antes de tiempo, por lo que la experta en seguridad alimentaria Gemma del Caño recomienda repetir el hervido hasta tres veces y enfriarla rápidamente. A esto se suma que muchas neveras no alcanzan la temperatura adecuada. Por todo ello, el artículo advierte de los peligros de presentar la leche cruda como superalimento y de animar a imitar la dieta de figuras públicas sin considerar estas exigencias.
