Sony confirmó, hace algo más de una semana, que a partir de enero de 2028 dejará de editar videojuegos en formato físico para sus consolas PlayStation. La medida, que coincidió con el anuncio de cierre de las tiendas digitales de PS3 y PS Vita, ha generado una oleada de críticas entre los jugadores, que ven peligrar la preservación del videojuego y el derecho de propiedad sobre los títulos.
La decisión, según el artículo, responde a una lógica estrictamente económica. El formato digital permite a Sony eliminar costes de fabricación, logística y distribución, a la vez que recupera el margen que antes absorbían las tiendas y captura ingresos adicionales vía microtransacciones, DLC y suscripciones. Cifras recogidas por el periodista Jason Schreier ilustran el salto: de un juego first party de 70 dólares en físico, Sony ingresaba unos 45 dólares; en digital, retiene los 70.
A este cálculo se suma el encarecimiento de la próxima generación de consolas —PS6, Xbox Series X, Steam Machine—, que ya supera los 1.000 euros, lo que refuerza la estrategia de maximizar el ingreso por usuario en lugar del volumen de ventas. Hideaki Nishino, CEO de PlayStation, ha explicitado esa prioridad.
Ante la presión de la comunidad, las posibilidades de rectificación parecen escasas: informes apuntan a que la planta de Blu-Ray en Austria ya reorganiza a su plantilla. El precedente de 2021, cuando Sony dio marcha atrás en el cierre de las tiendas de PS3 y PSP tras la protesta de los usuarios, es el único hilo al que asirse.
