Mujeres y longevidad: qué dice la ciencia más allá del estilo de vida

Fuentes: Llevamos años creyendo que las mujeres viven más por su estilo de vida. La ciencia tiene una explicación mucho más profunda

La mayor esperanza de vida de las mujeres respecto a los hombres no se explica solo por hábitos o por la asunción de riesgos masculina. La biología aporta razones de peso que arrancan en el propio ADN. Las mujeres cuentan con dos cromosomas X, de modo que, si uno sufre una mutación, el otro actúa como copia de seguridad. Ese segundo cromosoma X alberga además numerosos genes ligados al sistema inmunitario, lo que refuerza la respuesta frente a infecciones. En los hombres, la única copia X los deja sin ese respaldo.

Otro factor decisivo son las mitocondrias, las centrales energéticas de la célula, que se transmiten exclusivamente por vía materna. Investigaciones publicadas desde 2007 apuntan a que la diferenciación sexual reduce la eficiencia mitocondrial masculina y aumenta el estrés oxidativo, acelerando el envejecimiento. Las hormonas sexuales amplían el cuadro: los estrógenos funcionan como antioxidante, mantienen la flexibilidad vascular y reducen el colesterol LDL, lo que explica la menor incidencia de enfermedades cardiovasculares antes de la menopausia. La testosterona, en cambio, se asocia a mayor riesgo cardiovascular temprano y a una inmunidad más debilitada con el tiempo.

La biología evolutiva refuerza la tendencia: un estudio de 2025 sobre 1.176 especies confirma que las hembras de mamíferos viven de media un 13 % más, mientras que en aves ocurre lo contrario y los machos viven un 5 % más, en coherencia con sus sistemas de cromosomas sexuales. Sobre esta base, los factores conductuales y sociales (consumo de tóxicos, retraso en las visitas médicas, redes de apoyo más sólidas en las mujeres) modulan, pero no explican por sí solos, la brecha de longevidad entre sexos.