El programador Stephen Kell reflexiona sobre la evolución de la arquitectura x86 y el paulatino abandono de la segmentación de memoria, una característica introducida con el 286 y debilitada primero por las llamadas rápidas al sistema (SYSENTER) y después por la transición a 64 bits. Kell vincula ese retroceso a la hegemonía de Unix y su preferencia por espacios de direcciones planos, heredada del PDP-7 y el PDP-11, y al hecho de que WebAssembly ha reavivado el debate al recuperar, en cierto modo, un modelo de memoria no plano.
El texto contrasta dos enfoques opuestos. Por un lado, CHERI, impulsado por Arm, reacciona contra los modelos planos descritos por Poul-Henning Kamp como inseguros a cualquier velocidad y lleva la subdivisión al hardware mediante capacidades con cotas monótonamente decrecientes. Por otro, el proyecto liballocs, del propio Kell, renuncia a imponer reglas y opta por describir la estructura que el software real impone al espacio plano: un árbol de asignaciones anidadas, sin niveles fijos de corte ni separación rígida entre hardware y software. La pieza discute también el compromiso recursivo entre un hardware conceptualmente finito y un software que subdivide sin límite, y compara esa filosofía con la orientación a objetos clásica de las máquinas virtuales de lenguajes, que fragmentan al máximo a costa de la localidad espacial y el rendimiento.
