La Neue Klasse es el plan con el que BMW ha decidido reinventarse como fabricante de coches eléctricos, respaldado por una inversión superior a los 10.000 millones de euros. Su primer fruto es el BMW iX3, un SUV eléctrico con hasta 800 kilómetros de autonomía y carga a 400 kW que, según la marca, mejora a la versión de combustión en potencia, refinamiento, habitáculo y precio.
El corazón técnico del proyecto es una batería completamente nueva. Frente a la quinta generación anterior, ahorra 65 kilogramos de peso y abandona la arquitectura modular: sus celdas cilíndricas se montan en configuración cell-to-pack, sin módulos intermedios, separadas por una espuma que elimina el oxígeno y con un espacio inferior que libera presión en caso de incidente. El conjunto es, en realidad, dos baterías de 400 V en paralelo que, mediante software, funcionan en serie como una de 800 V, lo que permite recargar 372 km en diez minutos y compatibilidad con enchufes de ambas tensiones.
BMW diseña la química de las celdas (níquel, manganeso y cobalto NMC) pero encarga la producción a CATL y EVE Energy, aplicando el mismo modelo de diseño en occidente y fabricación asiática que Apple con el iPhone. El cerebro de gestión y el conversidor de 12 V están en un módulo independiente y extraíble, accesible sin desmontar toda la batería. La garantía cubre el 70 % de capacidad a los ocho años o 160.000 km, y sustituirla fuera de garantía ronda los 26.000 euros más impuestos.
Junto al iX3 llegarán la berlina i3 y el iX5, este último con una batería de 141 kWh. Sus unidades de accionamiento —motor, electrónica y transmisión— son la otra pieza clave del nuevo ecosistema eléctrico de la marca.
