El 3 de junio se confirmó la presencia del gusano barrenador del Nuevo Mundo (Cochliomyia hominivorax), una mosca cuyas larvas devoran tejido vivo, en un ternero de tres semanas cerca de La Pryor, Texas. Desde entonces, decenas de casos adicionales se han detectado en Texas y Nuevo México, lo que constituye la primera infestación en territorio continental estadounidense desde la década de 1980, fuera de un brote aislado en los Cayos de Florida en 2016.
La erradicación previa se logró mediante la técnica del insecto estéril: durante décadas, el USDA y luego la organización binacional COPEG liberaron millones de machos estériles en la brecha de Darién, entre Panamá y Colombia, para impedir el avance de la plaga desde Sudamérica. Esa barrera colapsó alrededor de 2023, y el parásito ha avanzado hacia el norte hasta cruzar la frontera estadounidense.
Antes de su eliminación, el gusano barrenador causaba pérdidas devastadoras: una encuesta del USDA de 1935 registró más de 1,2 millones de infecciones y 180.000 cabezas de ganado muertas solo en Texas. Algunas estimaciones indican que entre los años treinta y cuarenta el parásito mató al 60-80 % de los ciervos de cola blanca en ese estado.
La técnica fue desarrollada por el entomólogo del USDA Emory Cushing, cuya investigación sobre la biología reproductiva de la mosca permitió sentar las bases del programa de erradicación. Aunque ya existen iniciativas para contener el nuevo brote, los expertos advierten que la eliminación completa del gusano barrenador en Norteamérica podría tardar años.
