Un ensayo clínico piloto con 21 mujeres que padecían anorexia nervosa desde hacía una media de 11 años ha mostrado que la psilocibina, combinada con terapia conversacional, redujo rápidamente los síntomas del trastorno y aumentó la motivación de las participantes para recuperarse. El estudio, publicado en The British Journal of Psychiatry, es uno de los primeros en evaluar esta sustancia —presente en las setas alucinógenas— frente a un trastorno con escasas opciones terapéuticas: las terapias convencionales solo funcionan en alrededor de la mitad de los pacientes y la anorexia presenta la tasa de mortalidad más elevada entre los trastornos psiquiátricos. Las participantes recibieron tres dosis orales de psilocibina a lo largo de seis semanas (una de un miligramo y dos de 25 miligramos) junto a sesiones intensivas de terapia. Tras tres meses, la mitad alcanzó puntuaciones equivalentes a las de personas sin diagnóstico, y la mayor motivación para recuperarse se mantuvo hasta un año después. No hubo grupo de control ni intervención nutricional, y el índice de masa corporal no cambió de forma significativa; una participante intentó suicidarse dos veces, lo que el equipo investigador considera no relacionado con el ensayo. Investigadores como Robin Carhart-Harris, de la Universidad de California en San Francisco, y la terapeuta Jennifer Danby defienden que estos resultados, aunque preliminares, son prometedores. La Administración de Alimentos y Medicamentos de EE UU podría aprobar el uso de psilocibina para depresión o trastornos alimentarios en los próximos cinco años, en un contexto de creciente respaldo institucional a la investigación con psicodélicos. Otros expertos, como el psiquiatra David Hellerstein, piden ensayos más rigurosos con grupo de control y advierten del uso autodidacta de la sustancia.
