Anthropic presentó la semana pasada su marca de agua para los textos generados con Claude, pensada para cumplir la legislación europea de etiquetado obligatorio de IA y como posible aliada del profesorado contra las trampas del alumnado. La técnica sesga la elección de ciertas palabras dentro del texto natural para crear un patrón estadístico detectable con una clave criptográfica, sin añadir caracteres ni contenido visible.
Sin embargo, la herramienta presenta limitaciones de partida: no distingue si un texto lo escribió por completo una persona o si solo se usó Claude para corregir estilo y ortografía, ofrece poco margen en textos cortos o código, y la ausencia de marca no prueba autoría humana. Además, a diferencia de Google con SynthID, Anthropic no dispone de un detector público, por lo que ningún tercero puede verificar actualmente la marca.
Apenas 24 horas después del anuncio ya circulaba en GitHub una herramienta que prometía eliminar las marcas de agua de Claude, ChatGPT y Gemini, y en pocos días apareció un buen surtido de alternativas. El sector educativo, según encuestas recientes, usa IA un 95% del alumnado británico de grado y más del 53% de los trabajos universitarios australianos contenían IA. Expertos como Jason Lodge, de la Universidad de Queensland, proponen un cambio de paradigma: dejar de buscar pruebas de trampas y buscar pruebas de aprendizaje.
