A pesar de las masivas inversiones en inteligencia artificial generativa, los indicadores macroeconómicos no muestran un salto cualitativo en la productividad. La OCDE estima que el crecimiento del PIB mundial será del 2,9% en 2026, moderado por la guerra en Oriente Medio y el encarecimiento de la energía. En Estados Unidos, donde la IA representa la mayor apuesta económica histórica, el PIB crecerá un 2,2% este año, una cifra que no refleja una inflexión estructural. El Banco de la Reserva Federal de San Luis advierte que, aunque los ejecutivos hablan de transformaciones, los efectos de la IA en los datos agregados aún no son visibles. La productividad laboral en EE. UU. creció un 1,4% en el segundo trimestre de 2026, una tasa que coincide con la tendencia de la última década y no evidencia una mejora disruptiva inmediata. Mientras que la OCDE proyecta un aumento de productividad del 30% a largo plazo, analistas como Barclays señalan que la adopción de la IA es gradual y constante, no disruptiva. La IA influye en la ecuación económica, pero no ha contrarrestado aún otros factores como la presión inflacionaria o la desaceleración del gasto de los consumidores.
