Un estudio publicado en 2025 refuerza la hipótesis FIMS, que explica por qué los mamíferos sobrevivieron a la extinción del Cretácico mientras los dinosaurios no avianos desaparecieron. La teoría sostiene que, tras el impacto del asteroide de Chicxulub hace 66 millones de años, la oscuridad prolongada provocó el colapso de los bosques y una proliferación masiva de hongos que devoraron la materia orgánica en descomposición.
Los registros de palinomorfos en la frontera entre el Cretácico y el Paleógeno muestran una fina capa geológica dominada por esporas de hongos, el llamado "pico fúngico". La clave estaría en la endotermia: los análisis de alrededor de 5.000 cepas de hongos realizados por Arturo Casadevall en 2009 demuestran que la mayoría no prospera por encima de 30 °C, y por cada grado adicional entre 30 y 40 °C se excluye a un 6% de las especies. La temperatura corporal de 37 °C actuaría como un escudo térmico que repele a los patógenos fúngicos.
El fósil de un saurópodo del Jurásico tardío apodado Dolly, con lesiones compatibles con aspergilosis, confirma que los dinosaurios no avianos eran vulnerables a las infecciones respiratorias por hongos. Así, los mamíferos, con su metabolismo caliente, habrían heredado la Tierra no por su tamaño, sino por su fiebre interna.
