La industria de offshoring de Filipinas, sustentada por centros de llamadas y servicios para empresas extranjeras, sigue expandiéndose a pesar de los pronósticos que auguraban su declive por la irrupción de la inteligencia artificial. En Manila, la trabajadora Trizza atiende cada noche llamadas a abogados de Virginia para una clínica quiropráctica estadounidense y, como muchos compañeros del sector, dicta sus correos a ChatGPT para que los reescriba en tono profesional, integrando la IA como herramienta y no como sustituto.
El contraste con la advertencia lanzada en julio del año pasado por Sam Altman, director de OpenAI, es evidente: aseguró que los empleos de atención al cliente desaparecerían "totalmente, totalmente" por culpa de la IA. La realidad filipina muestra, sin embargo, que la automatización aún no ha reemplazado a los miles de agentes que cubren turnos nocturnos en un idioma que no es su lengua materna. El reportaje examina qué tareas ya asume la IA, cuáles resisten y durante cuánto tiempo puede mantenerse este modelo.
