La Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA) ha logrado incorporar a más de 2.000 aficionados a los videojuegos a su programa de formación como controladores aéreos, cumpliendo el 94% de su objetivo de contratación, según anunció el secretario de Transporte, Sean Duffy. La iniciativa, lanzada en abril, busca aliviar un déficit estructural de personal que la propia agencia cifró en 3.500 profesionales en 2025 y que ha provocado jornadas de seis días y horas extra generalizadas en torres y centros de control.
La campaña, presentada bajo el lema "No es un juego, es una carrera", parte de una premisa concreta: las habilidades cognitivas que se entrenan en videojuegos competitivos son directamente transferibles al trabajo en una cabina de control. Según explicó Duffy a CBS News desde el aeropuerto Newark Liberty, "gran parte de lo que hacen jugando es lo que hacen controlando tráfico en el aire". La FAA considera que los gamers destacan en funciones como la gestión multitarea, la percepción espacial, la planificación estratégica, la resolución de problemas bajo presión y el mantenimiento de la atención durante periodos prolongados. Un controlador aéreo debe mantener un modelo mental actualizado de decenas de aeronaves —posición, velocidad, altitud y trayectoria prevista— y reaccionar en tiempo real a cambios que afectan al conjunto del tráfico, unas exigencias que, sin la responsabilidad real de la aviación, se asemejan a las de un juego competitivo.
Los datos respaldan la apuesta. En abril de 2026, la FAA contaba con cerca de 11.000 controladores plenamente operativos y otros 4.000 en formación, tras haber reducido el proceso de contratación en más de cinco meses y haber cuadruplicado la velocidad de incorporación de candidatos a la academia de Oklahoma City respecto al año anterior. Además, hay más de 2.000 candidatos adicionales en proceso de selección. El salario medio anual de un controlador aéreo en 2024 fue de 144.580 dólares, aunque en aeropuertos pequeños un profesional novel puede empezar cerca de los 60.000 dólares anuales, según datos de la Oficina de Estadísticas Laborales recogida por CBS News.
El perfil buscado no exige titulación universitaria: solo alrededor del 25% de los controladores estadounidenses tiene un título tradicional, lo que abre la puerta a jóvenes que han optado por itinerarios formativos alternativos. No obstante, el proceso de selección sigue siendo exigente. Los candidatos deben ser ciudadanos estadounidenses, tener menos de 31 años, superar pruebas de aptitud y pasar reconocimientos médicos y de seguridad antes de acceder a la academia. Históricamente, menos del 10% de los aspirantes ha cumplido todos los requisitos.
La urgencia responde a un problema que va más allá de las cifras. Un informe de la GAO de diciembre de 2024 advertía de que el déficit de controladores podía traducirse en más retrasos y cancelaciones de vuelos, mientras que el cierre administrativo del otoño pasado, que obligó a los controladores a trabajar sin cobrar como personal esencial, alejó a algunos profesionales del sector. Por eso, según Xataka, la FAA ha acelerado todas las etapas del proceso: el reto ya no es atraer suficientes gamers, sino que superen unas pruebas que eliminan a la inmensa mayoría de los aspirantes.
La iniciativa rompe además un debate recurrente sobre la utilidad práctica de los videojuegos. Aunque existen estudios sobre reflejos, coordinación o toma de decisiones, el caso de la FAA es singular porque una agencia responsable de una infraestructura crítica ha identificado en la comunidad gamer una cantera de capacidades cognitivas aplicables a una profesión de alta responsabilidad. Ni las horas de consola sustituyen a la formación especializada ni ser bueno en un 'Call of Duty' garantiza una plaza, pero la campaña demuestra que ciertas aficiones pueden generar aptitudes directamente valiosas fuera de la pantalla.
Con la campaña cumpliendo casi todos sus objetivos numéricos y una segunda aceleración de contrataciones prevista para 2026, la FAA confía en cerrar la brecha de personal a medio plazo, aunque el éxito definitivo dependerá de cuántos de estos nuevos candidatos lleguen efectivamente a las torres y centros de control aéreo tras completar una formación exigente.
