El estudio de la obesidad se caracteriza por la ausencia de una causa única identificada, lo que la convierte en un campo de investigación marcado por misterios persistentes. El primer enigma radica en la magnitud de la epidemia: mientras que el hombre medio de EE. UU. pesaba 155 libras en 1890, hoy su peso es de 195 libras, y la tasa de obesidad ha subido del 1% al 36%. Históricamente, las dietas de las generaciones anteriores, ricas en grasa y carbohidratos, no explican esta transformación, ya que las personas de la época mantenían un peso normal a pesar de su actividad física. El segundo misterio es la abruptitud del cambio: la tasa de obesidad se mantuvo estable en torno al 10% hasta 1980, cuando comenzó a aumentar de forma acelerada, a pesar de que los alimentos de alta caloria ya existían en el mercado desde el siglo XIX. El tercer enigma es la crisis actual: a diferencia de otras enfermedades prevenibles, la obesidad no ha sido revertida por medidas de salud pública, y las tasas continúan aumentando en todo el mundo. Además, los datos de poblaciones cazadoras-recolectoras modernas, como los !Kung San o los Hadza, desmienten la teoría de que la dieta variada o rica en azúcares es la causa de la obesidad, ya que estos grupos mantienen un peso bajo a pesar de sus dietas extremas. La investigación actual busca comprender qué factores fundamentales han cambiado la relación entre la dieta y el peso corporal en la última década.
