El boletín Product Picnic sostiene que la falta de respeto al usuario —no la ausencia de empatía— es la causa última de los productos digitales frustrantes. El argumento se construye en tres capas. Primero, la cultura del diseño arrastra un complejo de mesías: los diseñadores se perciben como los únicos capaces de ayudar a un usuario idealizado como pasivo, lo que borra la agencia real de las personas y reduce a otros profesionales a seguidores. Segundo, los sistemas de software retiran la fricción como sinónimo de control, pero esa misma fricción era lo que daba al usuario la posibilidad de corregir errores, entender la herramienta y tomar decisiones. Cuando algo falla, la interfaz lo infantiliza en lugar de ofrecer herramientas reales de arreglo; cuando un servicio se estandariza, el trabajo burocrático se descarga sobre el usuario mediante formularios interminables que sustituyen relaciones humanas. Tercero, los modelos de lenguaje grandes (LLM) escalan este mismo patrón: generan errores inherentes a su tecnología, los disfrazan con el término "alucinación" y trasladan la carga de verificación del jefe al empleado, a la vez que abaratan el texto producido respecto al consumido, lo que incentiva contenidos largos y vacíos. En las empresas, estas herramientas se imponen en hojas de ruta sin debate y elevan el coste de disentir frente al de aceptar propuestas de baja calidad, propagando el irrespeto hasta el usuario final. La conclusión operativa es clara: sin respeto, ni la empatía ni la búsqueda del "delight" producirán experiencias mejores.
