El bajón de somnolencia que muchas personas experimentan a primera hora de la tarde, generalmente entre las 13 y las 15 horas, responde a una interacción entre la acumulación de adenosina en el cerebro y los ritmos circadianos, según explica la neurociencia del sueño. De acuerdo con el modelo de dos procesos, la adenosina se acumula de forma lineal desde el momento de despertar y promueve la somnolencia, mientras que el reloj circadiano, regulado por la luz, genera picos y valles de alerta a lo largo del día. Tras despertar, la alerta crece durante una o dos horas, se mantiene estable por la mañana, cae a primera hora de la tarde y vuelve a subir al final de la jornada, antes de dispararse la somnolencia nocturna con la liberación de melatonina.
La comida influye en la intensidad del bajón, aunque no es su causa: comidas abundantes elevan la glucosa en sangre y pueden inhibir temporalmente el sistema de orexinas del hipotálamo, que sostiene la vigilia. Investigaciones citadas, entre ellas las de la profesora de anatomía de la Universidad de Bristol Michelle Spear, publicada en The Conversation, describen este mecanismo. La cafeína no elimina el bajón, solo enmascara la adenosina temporalmente y, al pasar su efecto, la somnolencia reaparece con fuerza.
Como estrategias para mitigarlo, Spear recomienda exponerse a luz natural abriendo ventanas, recurrir a luz artificial con alto componente azul si no se dispone de luz diurna, y, cuando sea posible, realizar una siesta corta de unos diez minutos a primera hora de la tarde.
