Jim Farley, CEO de Ford, ha declarado en el Automotive News Congress de Detroit que Europa ya ha perdido la batalla comercial contra los fabricantes de automóviles chinos, calificando la situación de "ya demasiado tarde". El ejecutivo advierte a Estados Unidos de que debe actuar con cautela para evitar repetir el mismo destino, señalando que la oportunidad de fijar términos propios se está cerrando. Farley argumenta que la protección actual en EE.UU., basada en aranceles superiores al 100 % y restricciones de software, es temporal y que el sector presiona al Congreso para prohibir permanentemente la entrada de marcas chinas.
Los datos respaldan esta alerta: GlobalData indica un crecimiento del 70 % en la cuota global de marcas chinas entre 2020 y 2025, mientras que Dataforce muestra un salto del 0 % al 12 % en Europa en agosto de este año. Reuters proyecta que China exportará 12 millones de coches este año, frente a 3 millones en 2022. Aunque Farley aboga por la cautela, Ford mantiene una estrategia de doble vía: asociarse con empresas chinas en Europa y el Sudeste Asiático para acceder a tecnología y ahorrar costes, mientras compite directamente en otros mercados. Ejemplos recientes incluyen la joint venture con Geely para fabricar vehículos en Valencia y la planta de baterías con CATL en Míchigan. Por su parte, el presidente Donald Trump ha mostrado reticencias, sugiriendo que podría permitir la venta de coches chinos si se fabrican localmente, lo que genera incertidumbre sobre la política futura de Washington.
