El 23 de marzo de 2026, la Environment Agency declaró oficialmente recuperada a Inglaterra tras una sequía histórica. Apenas 140 días después, el 71,3 % del territorio inglés está otra vez en sequía: 45 millones de personas están directamente afectadas y 27 millones no pueden ni regar su jardín. Ninguna región del país presenta niveles hídricos normales. El detonante ha sido un julio sin precedentes: en el sur de Inglaterra se recogieron solo 1,9 mm de lluvia, el 3 % de lo habitual, y en el conjunto del país apenas 6,5 mm, con 305,6 horas de sol, el mes más soleado desde 1910 y una temperatura media 2,1 °C por encima de la media. El fenómeno no es exclusivo de las islas británicas: Francia registró su julio más cálido desde 1900, con 24,9 °C de media y un 70 % menos de lluvia, y la cosecha de maíz se perfila como la más baja desde 1980. El Joint Research Centre cifra en torno al 50 % la superficie de la UE y Reino Unido en situación de sequía. World Weather Attribution calcula que la sequía del suelo es hoy unas cinco veces más probable que con un clima 1,4 °C más frío. Las compañías de agua de Inglaterra y Gales pierden 2.870 millones de litros diarios por fugas, una quinta parte de lo que bombean, mientras la única medida en vigor, la prohibición de mangueras, ahorraría como máximo 577 millones de litros al día. Los parques agostados de Londres ilustran la magnitud del problema y la falta de preparación de unas infraestructuras que no han seguido el ritmo del cambio climático.
