Este artículo, publicado en 1988 por R.P. Bentall, propone una idea radical: considerar la felicidad como un trastorno psiquiátrico. Aunque pueda sonar contraintuitivo, el autor argumenta que, bajo un análisis técnico y estadístico, la felicidad extrema o persistente puede presentar características similares a otros trastornos mentales. La propuesta busca clasificar la "felicidad" como un "trastorno afectivo mayor, tipo placentero" (Major Affective Disorder, Pleasant Type), sugiriendo su inclusión en futuras ediciones de manuales diagnósticos como el DSM.
La base de esta propuesta reside en varios puntos. Primero, la felicidad, en su forma más intensa y constante, es estadísticamente inusual. La mayoría de las personas experimentan una gama de emociones, no un estado perpetuo de euforia. Segundo, el autor identifica un conjunto de síntomas asociados a esta felicidad extrema, que podrían incluir una percepción distorsionada de la realidad, una falta de conciencia de los problemas, y una incapacidad para empatizar con el sufrimiento ajeno. Estos síntomas, según el autor, podrían reflejar un mal funcionamiento del sistema nervioso central, similar a lo observado en otros trastornos mentales.
El artículo se apoya en investigaciones previas que sugieren que personas con alta felicidad a menudo muestran sesgos cognitivos, como la tendencia a sobreestimar la probabilidad de eventos positivos y a minimizar los negativos (un fenómeno que Alloy y Abramson describieron en estudiantes deprimidos y no deprimidos). Además, se menciona la relación entre la felicidad y el neuroticismo (un rasgo de personalidad asociado a la inestabilidad emocional), sugiriendo que una felicidad excesiva podría ser una manifestación atípica de este rasgo. Diener y colaboradores, en sus investigaciones sobre el bienestar subjetivo, han explorado la intensidad y frecuencia de las emociones positivas y negativas, proporcionando un marco para entender cómo la felicidad, cuando es extrema, puede desviarse de la norma.
Aunque la idea de clasificar la felicidad como un trastorno puede generar resistencia, el autor aborda la objeción común de que la felicidad no es inherentemente negativa. Argumenta que esta consideración es irrelevante desde una perspectiva científica, ya que la validez de un diagnóstico no depende de si la condición es agradable o desagradable, sino de si cumple con criterios objetivos y tiene implicaciones funcionales.
Implicaciones y Consideraciones: Esta propuesta no busca demonizar la felicidad, sino promover una comprensión más profunda de sus posibles aspectos problemáticos cuando se presenta en formas extremas o disfuncionales. Podría ser relevante para individuos que experimentan una felicidad persistente y desadaptativa, que les impide afrontar la realidad o mantener relaciones saludables. Es importante destacar que esta es una propuesta teórica y controvertida, que requiere más investigación para ser validada. Alternativas a esta clasificación podrían incluir considerar la felicidad extrema como una variante de otros trastornos del estado de ánimo o como un rasgo de personalidad disfuncional.
