El entrenador Álvaro Puche, licenciado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, sostiene que a partir de los 50 años es absolutamente necesario hacer musculación, por encima de actividades como caminar o nadar. Su argumento se basa en la lucha contra la sarcopenia, la pérdida de masa muscular que se acelera a partir de la tercera década de vida y, sobre todo, tras cruzar el umbral de los 50 años.
Un metaanálisis publicado en una revista científica demostró que dedicar un tiempo mínimo al entrenamiento de fuerza reduce entre un 15% y un 21% la mortalidad general y un 19% la mortalidad cardiovascular. Los beneficios se maximitan con unos 60 minutos semanales de ejercicio de fuerza, ya que la curva de relación entre esfuerzo y salud tiene forma de U.
En el caso de las mujeres, la importancia es mayor tras la menopausia, cuando la caída de estrógenos acelera la pérdida de densidad ósea y eleva el riesgo de osteoporosis. El trabajo de fuerza, especialmente los ejercicios centrados en la cadera, incrementa de forma significativa esa densidad.
A pesar de que las consultas médicas empiezan a prescribir este tipo de entrenamiento, persisten dos obstáculos: la percepción de que las pesas son cosa de jóvenes y la falta de recomendación explícita por parte de algunos profesionales sanitarios.
