Alrededor de 120.000 menores españoles de entre seis y 13 años pasan gran parte del verano solos en casa, sin acompañamiento adulto y con las pantallas como principal —y muchas veces única— forma de ocio, según cálculos de la ONG Educo. Factores como las altas temperaturas, las largas jornadas laborales de los progenitores o la falta de recursos para campamentos y actividades deportivas concentran a estos niños frente a tabletas, móviles, ordenadores y videoconsolas, lo que ha popularizado los términos "iPad kids" y "screenagers".
El informe de Educo señala que más del 40% de madres y padres percibe un aumento notable del tiempo de pantalla de sus hijos en verano, con consecuencias en la salud: problemas de peso, visuales, de sueño, ansiedad, estrés y síntomas depresivos. Además, uno de cada tres menores españoles no puede irse de vacaciones ni una semana al año, y casi ocho de cada diez niños de familias con rentas bajas quedan fuera de actividades estivales, muchas de las cuales garantizan además su alimentación.
Expertas como la psicóloga Diana Jiménez (FABA), la economista Cristina Castellanos (UNED) y la directora adjunta de Educo, Guiomar Todó, coinciden en que las etiquetas en inglés esconden un problema estructural: falta de conciliación real, de recursos económicos, de apoyo comunitario y de políticas públicas. Subrayan que demonizar al menor o al progenitor desvía la atención de las causas —familias sin red, sin vacaciones pagadas y sin acceso a actividades de verano— y reclaman un acceso universal a programas estivales como cuestión de salud pública y equidad. Testimonios como los de Marbelys, madre que no puede pagar campamentos, y Lorenzo, que se reconoce como screenager desde la pandemia, ilustran la magnitud del fenómeno.
