La Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos (FCC) anunció este martes una prohibición a la importación de "dispositivos robóticos avanzados" y de inversores de potencia (power inverters) fabricados en el extranjero, una medida que, aunque oficialmente no apunta a ningún país en particular, tendrá un impacto devastador sobre China, actual líder mundial en ambos sectores. La decisión, impulsada por la administración Trump, fue justificada por la agencia como una respuesta a "riesgos inaceptables para la seguridad nacional de los Estados Unidos o la seguridad de las personas estadounidenses".
Según el anuncio oficial recogido por The Verge y TechCrunch, la prohibición abarca robots móviles —incluidos humanoides y cuadrúpedos— así como inversores de potencia utilizados habitualmente en sistemas de energía solar y otras instalaciones de renovables. La definición técnica de "dispositivo robótico avanzado" establecida por la FCC incluye cualquier máquina capaz de locomoción, evasión de obstáculos y navegación, equipada con sensores ambientales y chips de conectividad a redes, con un peso superior a los 4,4 libras (unos dos kilogramos). Bajo esa descripción, incluso los futuros robots aspiradores podrían quedar automáticamente excluidos del mercado estadounidense si no obtienen una exención.
El sector de los robots humanoides, aunque aún incipiente, ha mostrado un crecimiento significativo: según datos de TechCrunch, en 2025 se enviaron alrededor de 15.000 unidades a nivel mundial, con los dos mayores fabricantes chinos acaparando la mayor parte de los envíos. Empresas como Unitree han ganado visibilidad internacional con robots que aparecen en vídeos virales —desde combates de artes marciales mixtas hasta presentaciones en el programa America's Got Talent—. Mientras tanto, en territorio estadounidense, Tesla ha discontinuado sus modelos S y X para liberar capacidad de producción destinada a su robot humanoide Optimus, según reportó The Verge.
En el segmento de inversores de potencia, China domina el mercado global a través de fabricantes como Sungrow y Huawei —esta última ya incluida en la lista negra estadounidense—. Estos dispositivos son componentes críticos en los sistemas de energía solar residencial y en proyectos de renovables a gran escala, lo que convierte la prohibición en un golpe potencial a la transición energética y a la cadena de suministro del país.
La FCC justificó su decisión argumentando que los dispositivos fabricados en el extranjero podrían ser controlados remotamente o utilizados para vigilancia por gobiernos foráneos, o empleados en ciberataques. Esta preocupación se enmarca en una serie de acusaciones históricas contra China por hackeos a empresas estadounidenses y por el riesgo de que empresas chinas puedan ser compelidas por Beijing a espiar o manipular productos. El regulador estadounidense ya había actuado previamente con prohibiciones similares contra routers de fabricación extranjera y contra fabricantes de equipos de vigilancia como Hikvision y Dahua, vinculados a abusos de derechos humanos.
Empresas y fabricantes podrán solicitar exenciones para continuar importando productos, pero el proceso no incluye requisitos de mejora de seguridad de los dispositivos. Los solicitantes deberán presentar un plan detallado para comenzar a fabricar en territorio estadounidense. Fuentes citadas por Reuters señalan que la FCC "espera eximir a muchos proveedores no chinos de las restricciones", lo que confirmaría el carácter selectivo de la medida. Además, la agencia otorgó una exención adicional que permite a todos los robots e inversores de potencia ya en circulación recibir actualizaciones de seguridad y compatibilidad hasta el 1 de enero de 2029, aunque The Verge cuestiona la transparencia del mecanismo, señalando que las compañías no están obligadas a informar al regulador cuando publican dichas actualizaciones.
China respondió a la prohibición a través de su Ministerio de Exteriores, cuyo portavoz declaró, según recoge la Associated Press, que el país utilizará "todas las medidas necesarias" para proteger a sus empresas. La tensión bilateral se produce en un momento diplomático delicado: el presidente chino Xi Jinping tiene previsto realizar una visita de Estado a Washington en septiembre, donde se reuniría con el presidente Donald Trump.
El alcance de la medida deja interrogantes abiertos sobre su impacto real en el consumidor estadounidense, en la cadena de suministro de energías renovables y en la creciente industria de la robótica. Con los productos ya existentes en el país fuera del alcance de la prohibición y la posibilidad de solicitar exenciones, el efecto inmediato podría ser limitado, pero a medio plazo la medida podría reconfigurar el mapa global de la robótica comercial y acelerar los planes de relocalización industrial en Estados Unidos. Las próximas semanas, y la esperada cumbre Trump-Xi de septiembre, ofrecerán las primeras señales sobre si esta prohibición marca el inicio de una escalada mayor o un punto de negociación entre ambas potencias.
