China ha implementado medidas regulatorias obligatorias para gestionar el reciclaje de baterías de vehículos eléctricos, un desafío crítico dado que se proyecta que el país supere el millón de toneladas de baterías usadas anuales para 2030. Esta cifra representa un aumento drástico respecto a las 200.000 toneladas retiradas en 2020 y las 780.000 proyectadas para 2025. El Ministerio de Industria y Tecnología de la Información (MIIT) ha publicado normas provisionales que exigen mantener la batería vinculada al vehículo hasta su desguace, clasificando como incompleto cualquier coche eléctrico desmantelado sin su unidad de propulsión. Esta medida busca evitar que las baterías degradadas, que pierden capacidad cuando su rendimiento cae al 80 %, se filtren a talleres no controlados o vertederos ilegales, riesgos que implican incendios y filtraciones de metales valiosos. Para garantizar el cumplimiento, el gobierno ha establecido una plataforma nacional de trazabilidad digital que asigna una identidad única a cada batería, permitiendo seguir su ciclo de vida desde la producción hasta el reciclaje. Los fabricantes deben abrir estaciones de servicio de reciclaje en las regiones donde operan y aceptar baterías de intercambio o alquiler. Además, el plan a largo plazo (2026-2030) anima a las empresas a crear capacidad de reciclaje en mercados de exportación y promueve el desarrollo de baterías de estado sólido y de litio de larga duración para reducir futuras retiradas. El mercado actual de reciclaje en China alcanzó los 558.000 millones de yuanes el año pasado, liderado por empresas como Brunp Recycling, filial de CATL, que gestiona el 50,4 % de las baterías del país.
