China ha abierto este mes a los inversores extranjeros el contrato de futuros de carbonato de litio en la Bolsa de Futuros de Guangzhou (GFEX), tras aperturas similares en mineral de hierro y petróleo. El movimiento se enmarca en la estrategia del Gobierno chino para reforzar su influencia sobre los precios globales de las materias primas e impulsar el uso internacional del renminbi (RMB).
En el último año, la GFEX ha negociado 120 millones de lotes de carbonato de litio, material clave en las baterías de litio-hierro-fosfato (LFP) que equipan buena parte de los vehículos eléctricos. China procesa alrededor del 60% del litio mundial y es el mayor mercado de baterías del planeta, un peso físico en la cadena de suministro que resulta innegable.
Sin embargo, convertir esa fortaleza industrial en poder financiero real resulta más complicado. Los controles de capital chinos hacen que la inmensa mayoría de la negociación, pese a su enorme liquidez, sea de naturaleza doméstica y esté en manos de especuladores locales. A ello se suma una volatilidad recurrente: el cierre de una mina de CATL en 2025 desató una fiebre especulativa, con caídas de volumen diarias de hasta el 35% de la media anual, y la GFEX ha tenido que intervenir varias veces con límites de posición y subidas de comisiones.
Los operadores extranjeros pueden depositar márgenes en dólares, pero con un descuento del 5%, y la negociación y liquidación sigue realizándose en RMB, con repatriación de beneficios compleja. El precedente del petróleo crudo en la Bolsa Internacional de Energía de Shanghái muestra un patrón similar: participación extranjera significativa, pero con triple exposición —precio, tipo de cambio y repatriación— que otras bolsas reducen a una sola.
