Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE. UU. (CDC) han confirmado que no existe una amenaza generalizada de peste en el país tras la muerte de una investigadora en Siberia. El incidente ocurrió el martes pasado en el Instituto de Antirreptos de Irkutsk, donde la científica falleció por neumonía severa de origen desconocido tras romper un tubo de ensayo. Aunque el hospital y los compañeros de la investigadora fueron aislados, las autoridades rusas y la Organización Mundial de la Salud (OMS) indican que el riesgo para la población general es muy bajo. La OMS ha mantenido contacto con las autoridades rusas y ha destacado que la transmisión humana de la peste es extremadamente rara, con el último caso documentado en 1924 en Los Ángeles. La bacteria causante, Yersinia pestis, se transmite principalmente a través de la picadura de pulgas infectadas o la inhalación de gotas respiratorias. Los expertos señalan que, si se trata de peste, el tratamiento con antibióticos es eficaz y la enfermedad podría contenerse fácilmente, a diferencia de la pandemia de COVID-19. Rospotrebnadzor, la agencia de salud pública rusa, ha realizado pruebas extensas que no han detectado microorganismos asociados a las actividades profesionales de la fallecida. Sin embargo, EE. UU. ha instado a Rusia a compartir información completa, mientras que países vecinos como Kazajistán, Kirguistán, Uzbekistán y Tayikistán han establecido protocolos de cuarentena por precaución.
