Tras el retroceso de España en el último informe PISA, el debate público y la OCDE han señalado a la tecnología como responsable del deterioro en la concentración y la comprensión lectora del alumnado. Laura Cuesta Cano, profesora y CEO de Educación Digital para Familias, advierte de que reducir el problema al impacto de las pantallas es un error: países altamente digitalizados como Japón, Corea del Sur, Singapur o Estonia lideran el ranking educativo, lo que demuestra que el uso tecnológico no es el factor determinante.
La experta distingue entre la tecnología pedagógica empleada en las aulas —robótica, pensamiento computacional, inteligencia artificial o realidad aumentada— y el uso recreativo que los menores hacen de redes sociales, videojuegos y mensajería instantánea fuera del horario escolar. El informe de Qustodio cifra en cuatro horas diarias el consumo de pantallas en ocio, mientras que UNICEF sitúa en 10,8 años la edad media de acceso al primer dispositivo, cada vez con menos supervisión adulta.
Cuesta señala que los algoritmos, el scroll infinito y los vídeos cortos reducen la atención sostenida necesaria para leer textos largos, lo que puede traducirse en retraso cognitivo y peores resultados académicos. Para revertirlo, reivindica el papel de la familia como referente, tanto en el uso como en la desconexión, y recomienda evitar la multitarea, dejar los móviles fuera de comidas y dormitorios y reservar unos 45 minutos diarios pactados de pantallas. Subraya además que sin progenitores lectores y hogares con libros es difícil que los planes escolares de lectura enciendan la afición de los menores.
