Un equipo internacional de investigadores ha descubierto ocho yacimientos con arte rupestre en cuevas del suroeste de Irlanda que datan de hace al menos 15.000 años, lo que adelanta en unos 5.000 años la fecha estimada hasta ahora para la presencia humana en la isla. El hallazgo, impulsado por el proyecto «Lost Land Bridge», sugiere que los primeros humanos que pisaron Irlanda no llegaron cruzando el mar, sino a través de un puente terrestre que conectaba Pembrokeshire, en Gales, con Rosslare, en el sureste irlandés, durante la última glaciación.
El doctor George Nash, experto en arte rupestre de la Universidad de Liverpool y coordinador del proyecto, explicó que durante el último periodo glacial los niveles del mar descendieron hasta dejar al descubierto una franja de tierra de unos 76 kilómetros entre costa y costa. Aunque las temperaturas estivales oscilaban entre -10 °C y -20 °C, la meseta contaba con bosques y praderas que albergaban caballos salvajes, mamuts, bisontes y renos, alimentados por musgos, líquenes y juncias adaptadas al frío.
Para Nash, era «inconcebible» que los cazadores-recolectores no aprovecharan esta ruta natural. Junto a las investigadoras Genevieve von Petzinger y Barbara Oosterwijk, reunió a un equipo multidisciplinar procedentes del University College Dublin, la Universidad de Adelaida, y otras instituciones de Abu Dhabi, Gales y Portugal. Hasta ahora, la evidencia arqueológica más antigua de presencia humana en Irlanda —hallada de forma accidental— se remontaba a unos 10.500 años, una fecha que, según el investigador, «sencillamente no podía ser correcta; no estábamos buscando lo suficiente ni en los lugares adecuados».
El avance tecnológico fue clave. Los especialistas en espeleología Shane Diffily y el consultor de cartografía digital Darren Lee alimentaron un algoritmo de inteligencia artificial con las características de las cuevas habitadas del sur de Gales, permitiendo identificar 28 cavidades prometedoras en el suroeste irlandés sin necesidad de recorrerlas a ciegas. De ellas, ocho contienen grabados, pinturas en ocre y carbón, y dibujos lineales trazados con los dedos sobre arcilla.
El equipo sospecha que el origen de estos primeros irlandeses se remonta a los humanos que colonizaron el sur de Gales entre hace 35.000 y 40.000 años, procedentes del sur de Inglaterra, Francia y España, cruzando los entonces secos estrechos de El Canal y Bristol. En las cuevas de la Península de Gower llegaron a convivir hasta cien grupos humanos, atraídos por temperaturas interiores estables de entre 10 °C y 15 °C durante todo el año, según el relato del investigador.
«A medida que las redes familiares crecían y mejoraba el conocimiento de las rutas migratorias, debieron volverse más audaces», señaló Nash, quien considera que la presión demográfica empujó a estos grupos hacia el oeste y el norte. El equipo también cree probable que existan más yacimientos en condados como Wexford, Waterford y Cork, actualmente inexplorados.
Las pequeñas diferencias entre las dos versiones de la noticia —la ubicación del colaborador académico internacional como «Dubái» o «Abu Dhabi»— parecen deberse a imprecisiones menores en la redacción, sin afectar al núcleo del hallazgo. Por el momento, los investigadores han decidido no divulgar la ubicación exacta de las cuevas para evitar actos de vandalismo o saqueo.
El descubrimiento reabre el debate sobre los orígenes del poblamiento de las islas británicas y consolida a Gales como una posible puerta de entrada no solo al resto del archipiélago, sino también al último rincón del noroeste europeo conocido en la prehistoria.
